Vacunas: prepararse para la batalla…antes de que comience.

Estamos muy cerca de erradicar otra enfermedad de la faz de la Tierra gracias a las vacunas, la polio que, junto con la viruela, era una de las enfermedades infecciosas más temidas en el pasado (y no hablamos de la Edad Media, sino en la misma década de los 90). Aprovechando este artículo de opinión en el que tratan este hito histórico, se nos ha ocurrido que lo mejor para la entrada de cada lunes es hablar de las vacunas.

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Tal y como nos mostraba “Erase un vez el cuerpo humano”, nuestras células guerreras están patrullando continuamente el organismo.

Como el título nos dice, las vacunas nos permiten prepararnos para la batalla, antes de que de comienzo. ¿Qué quiere decir esto? Nuestro sistema inmunitario está continuamente patrullando cada rincón del organismo, las 24 horas del día y los 365 días del año (salvo que ocurran cosas raras). Cuando un invasor decide declararnos la guerra, entonces todas las células guerreras empiezan a ponerse manos a la obra y empiezan a llevar a cabo todos los entrenamientos que aprendieron durante su infancia. De esta forma, tras unos días, el invasor quedará neutralizado y podremos recuperar nuestra rutina diaria. O, al menos, esto es lo que pasa en una gran mayoría de personas, pero no en todas. En algunas ocasiones, el ejército invasor es más potente que nuestras defensas y, desgraciadamente, comenzamos a desarrollar síntomas de enfermedad que, en ocasiones, pueden acabar un poco mal.

Estos invasores, que pueden ser virus, bacterias o incluso gusanos muy pequeños, tienen una desventaja: podemos crear un “simulacro” de guerra en nuestro organismo, como si estos invasores estuvieran atacándonos, para que nuestras guerreras se formen y, en un caso real, no pierdan el tiempo en otros menesteres y neutralicen rápidamente la infección.

¿Sabéis cómo desarrollamos ese simulacro? Efectivamente, con las vacunas.

Las vacunas-simulacro se llaman profilácticas, porque previenen la enfermedad. En realidad son esos propios invasores que nos atacarán, o pedazos de ellos, que los introducimos en nuestro organismo para que se genere una respuesta adecuada, minimizando los riesgos futuros cuando se produzca la verdadera amenaza. Existen muchos tipos distintos de vacunas-simulacro con las que nos podemos topar, pero hablaremos principalmente de dos:

  • Los atacantes “completos”, pero “atontados”. Y citamos por ejemplo el virus de la polio, del que hablamos al comienzo. Son los virus causantes de la enfermedad pero que han sido tratados para que no supongan una amenaza; de esta forma generamos una respuesta adecuada pero no sufrimos los síntomas.
  • Pedazos de atacantes. En esta ocasión, en vez de usar una versión “atontada” de los invasores, lo que se utilizan son pedazos de los mismos. Esto hace que nuestras células guerreras vean estos cachos “circulando por ahí” y monten una respuesta inmunitaria. Cuando el virus real entra, portando estos pedazos, las células guerreras sabrán perfectamente de qué va la cosa y les dirán: “¡Hey, que os conocemos!”, y adiós infección.

Montar un simulacro es algo muy efectivo y que no supone muchos riesgos para nosotros. Es más, tenemos que decir que es realmente bueno, porque estamos previniendo futuras complicaciones en el caso de muchas personas que, de manera normal, no hubieran “pasado con éxito” la amenaza.

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La presentación de antígeno es un proceso “casi sagrado”, por el que una célula dendrítica le dice a una célula T:¡¡que vienen, que viene!! Fuente: Pedromics

Pero…¿cómo funciona una vacuna? Bueno, pues no parece un tema demasiado complejo. En condiciones normales, un invasor es comido por una célula dendrítica, que lo rompe en mil pedazos y los “cuelga” en su superficie en la que nosotros llamamos mano presentadora. Este proceso se llama presentación de antígenos y permite que las células T, que estaban por ahí circulando, empiecen a montar la batalla, por ejemplo, atacando directamente a los virus o bien ayudando a otras células (como las células B, las fabricantes de armas de largo alcance, o anticuerpos). Cuando pasa la amenaza, muchas de estas células reciben el rango de oficiales de memoria, y se quedan circulando en el organismo mucho tiempo. Estos oficiales son expertos en un tipo de invasor específico, por ejemplo, expertos en varicela. Esto quiere decir que, durante un simulacro, los rangos de oficiales de memoria son entregados, aunque no exista la enfermedad y, en caso de amenaza real, estos oficiales estarán realmente preparados para dar muerte a los extraños.

Desde que se empezó con la vacunación, distintas enfermedades infecciosas, y muy temidas en el pasado (y recordemos de nuevo que no nos estamos refiriendo a la época de la Inquisión), han pasado a ser “enfermedades residuales” o “leyendas” de las que mucha gente sólo ha oído hablar, pero nunca han visto un caso.

Casualmente, este fenómeno de desestimación de las enfermedades, ha llevado en algunos países a la creación de movimientos que abogan por la no vacunación, cuyas razones son múltiples y no están apoyadas por la comunidad científica, ni siquiera por estudios independientes (libres de financiación de empresas privadas, por ejemplo). Estos movimientos, los cuales no están demasiado extendidos por nuestro país, han llevado en más de una ocasión a brotes epidémicos en los que la enfermedad se ha expandido rápidamente entre la población (generalmente niños), causando alguna que otra muerte (evitable).

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Desde la SEI quisimos atacar los principales mitos que circulan en torno a la vacunación y, de paso, explicar muy rápidamente cómo funciona este importante proceso.

Por supuesto, no queríamos dejar pasar en este blog que, al igual que todos los medicamentos, las vacunas pueden presentar algunos efectos secundarios. Entre ellos, los más comunes son enrojecimiento de la zona de inyección, cansancio o fatiga (asociado a ese simulacro). En algunos casos más graves se puede producir la propia enfermedad (cuando se usan vacunas vivas “atontadas”) aunque, por suerte, no producen unos síntomas tan graves como la enfermedad real. En otras ocasiones, las vacunas pueden producir otros efectos secundarios pero, en cuanto son reportados, o en cuanto se saben que pueden suponer un peligro para la población, son retiradas inmediatamente del mercado y una nueva vacuna comienza a desarrollarse.

En resumen, la vacunación ha supuesto un antes y un después en el tratamiento de enfermedades muy peligrosas y nos ha permitido evitar muchas muertes asociadas a estas patologías.

Así que nuestro mensaje para casa: las vacunas son seguras y nos permitirán “simular” una enfermedad para, en caso de que nos encontremos con ella, “salir de rositas” y no perder ni uno de nuestros preciados días.

 

7 comentarios en “Vacunas: prepararse para la batalla…antes de que comience.

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