La incansable lucha frente al VIH…¿encontraremos una cura?

Hoy, en la página de Facebook de la Sociedad Española de Inmunología, me hacía eco de un artículo relacionado con el control del virus de la inmunodeficiencia humano (VIH), causante del sídrome de la inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Cuando hace unos años, unos compañeros preguntaron por las calles de Madrid sobré que se les ocurría cuando se les decía la palabra inmunología, uno de los temas más recurrentes fue «VIH» o «SIDA», por lo que no quería dejar pasar esta oportunidad única para darle una entrada y hablar sobre qué es la infección por este virus, qué hace nuestro ejército interior frente al mismo y, como ya decimos en el título, porqué es tan difícil encontrar una cura definitiva.

Desde que registró la primera infección en humanos, la enfermedad se ha convertido en una pandemia global que afecta sobretodo a los países africanos y que se ha cobrado la vida de más de 20 millones de personas. Por aquel entonces, el optimismo en torno a encontrar una vacuna pronto era muy alto pero, como todos sabemos, esto no ha sido posible.

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Los misiles teledirigidos, o anticuerpos, son las armas de largo alcance con las que cuenta nuestro ejército de células. Fuente

Cuando el virus entra en nuestro organismo, busca incansablemente a uno de nuestros guerreros más importantes: los guerreros del bando de refuerzo (los soldados T CD4+), encargados de ayudar a otros soldados a montar una respuesta adecuada frente a los invasores. Para que ocurra la infección, muchos de los virus también requieren de la presencia de una segunda «cerradura» en estos soldados, la conocida como CCR5.

Es importante mencionar que el virus que entra es un virus inicial y será el que nuestro ejército intente destruir por todos los medios a través de las diversas posibilidades con las que cuenta.Por ejemplo, se pueden producir misiles teledirigidos que eviten que los virus puedan circular libremente por ahí y se pongan a infectar como locos todo lo que pillen. Es más, la presencia de este tipo de anticuerpos permite diagnosticar si la persona está infectada por el virus, o no.

Estos misiles se unen a los virus iniciales e impiden que se unan a los soldados T CD4+, intentado evitar así la infección. Sin embargo, es un proceso lento y muchos de los virus iniciales ya han entrado previamente en las células y han comenzado su guerra particular, dividiéndose descontroladamente y generando nuevos virus hijos, parcialmente distintos a sus progenitores y haciendo que ahora, en nuestro organismo, no solo tengamos virus iniciales, sino también virus hijo 1, virus hijo 2…Como os podéis imaginar, estos virus hijos volverán a dividirse y generar más y más hijos distintos que, como puntilla final, generará en un batiburrillo de virus que en nada se parece a ese virus inicial para el que nuestro ejército se estaba preparando.

Así, las personas infectadas con un virus inicial portan en su sangre muchos tipos distintos con el paso del tiempo. Esto provoca que los misiles teledirigidos creados por nuestro ejército ya no valgan y se tengan que generar otros…pero nunca es suficiente. ¿Y qué pasa entonces? Pues que los pobres soldados T del bando de refuerzo comenzarán a morir, impidiendo que nuestro ejército pueda funcionar de forma adecuada y haciendo a nuestro organismo mucho más susceptible a la invasión por ciertos enemigos oportunistas, algunos tumores…vaya, lo que viene siendo la manifestación del SIDA.

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En rojo, partículas de VIH saliendo de celulas infectadas (en este caso células cultivadas). Seguro que muchas de estas partículas serán «virus hijos», muy distintos a sus padres…Fuente

Existe un grupo de personas, conocidas como controladores de élite, que son resistentes a la infección por VIH. Entre ellos, esto se debe, por ejemplo, a que los guerreros de su ejército inmunitario no presentan la cerradura CCR5, ya que portan una mutación conocida como delta-32. Aunque existen algunos virus del VIH que no usan CCR5, y que no os cuento en esta entrada por no hacerla demasiado larga, la mayoría sí que lo usan. Por lo tanto, si no lo tenemos…pues no habrá infección. Precisamente, y si habéis oído hablar del paciente de Berlín y el paciente de Londres, dos casos en los que se ha producido una cura funcional del VIH (es decir, no hay ni rastro en su organismo pese a haber suspendido la terapia antirretroviral), la cura se consiguió precisamente por haber recibido un trasplante con una mutación delta-32. En efecto, ambas personas, además de estar infectadas por VIH, también desarrollaron un cáncer. Para tratarlo, se les decidió borrar su ejército interior y sustituirlo por el de un donante que tenía la citada mutación. Al haber eliminado su ejército, todos los virus desaparecieron y, si alguno quedó por ahí perdido, no pudo volver a infectar nada porque CCR5 no estaba presente.

La introducción de la llamada terapia antirretroviral ha sido uno de los mayores éxitos en la historia del VIH, se trata de una terapia de por vida, costosa y que, además, no está exenta de efectos secundarios. ¿Por qué de por vida? Os podéis preguntar. Pues simple: a pesar de que las terapias evitan que los virus se dividan, existen muchos que «juegan al escondite» y se esconden en los llamados «reservorios», que son zonas donde los virus están presentes, independientemente de las terapias utilizadas. Cuando se elimina el tratamiento, estos virus «se despiertan» y comienzan a proliferar.

Uno de los retos que tenemos ahora es, por lo tanto, desarrollar nuevos tratamientos que eviten el uso crónico de estas terapias pero que, además, arrojen los mismos beneficios. Algo que no es fácil.

Como hemos mencionado, el VIH inicial no es el único que se encuentra en el organismo tras la infección. Tenemos el tipo 1, el tipo 2, el tipo 3…etc. Esto ha sido uno de los problemas principales con los que los investigadores se han encontrado para el desarrollo de una vacuna que prevenga la infección. ¿Qué vacuna desarrollamos? ¿La que actúe contra el tipo 2 del paciente A? ¿O la del tipo 2 del paciente E?

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La inmunoterapia es una terapia en auge que promete revolucionar el tratamiento de muchas patologías, incluida la infección por el VIH. Fuente.

En los últimos años, el desarrollo de la inmunoterapia, el tratamiento que utiliza a nuestro ejército interior para matar a todo tipo de amenazas, ha copado las noticias de muchos periódicos y, como era de esperar, supone también una nueva ventana para el tratamiento del VIH. El artículo del que hablábamos en el principio se basa en el fenómeno observado por estos controladores de élite. Si ellos tienen unos misiles de última generación…¿porqué no descubrimos las instrucciones y los generamos en el laboratorio?

Parece una pregunta simple pero, en la práctica, no lo es. De hecho, el estudio ha permitido determinar que los individuos infectador por el VIH, sin carga viral detectable tras el uso de las terapias, y que recibieron estos misiles, pueden estar sin tratamiento hasta 8 semanas. Posteriormente aparecen «virus hijos resistentes» a estos anticuerpos, y vuelta a empezar.

Si bien no son unas noticias magnífica, si que permite determinar que la inmunoterapia, y específicamente el desarrollo de misiles de última generación en el tratamiento de pacientes afectados, podría suponer una alternativa válida y libre de los efectos secundarios a las terapias actuales y que podría, igual en el futuro y en combinación con otros descubrimientos por venir, suponer la victoria de nuestro ejército frente al VIH y, por tanto, erradicarla del mundo.

Author: JesusBTC

Cuando estaba terminando mis estudios de Licenciatura en Biotecnología en la Universidad de León descubrí que había algo que me apasionaba más, si cabía, que la propia ciencia: ¡la inmunología! Desde entonces, y tras especializarme en esta fascinante rama de la ciencia por la Universidad de Madrid, no he parado de investigar sobre cómo ese enorme ejército que todos tenemos es capaz de influenciar prácticamente todo lo que nos rodea. Tras terminar mis estudios de doctorado en la Universidad de Wurzburgo (Alemania), actualmente trabajo en el Instituto de Biología Molecular de Maguncia (Alemania), donde compagino con labores de divulgación a través del Blog "Immunonews: ¡El blog guerrero!" y la Sociedad Española de Inmunología.

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