4A. Especial inmunoterapia: ¿Por qué desarrollamos cáncer? (o cómo éste se camufla de nuestro ejército)

Ya vimos en esta entrada que los distintos soldados que componen nuestro ejército interior no solo se limitan a protegernos frente a la ingente cantidad de potenciales invasores que nos rodean día a día, sino que también son capaces de evitar que las células rebeldes, aquellas que tienen la capacidad de producir tumores y cánceres, se expandan. Sin embargo, la pregunta del millón es: si son capaces de controlar a estas rebeldes…¿por qué desarrollamos cáncer?

¿Estáis listos para adentraros en una historia de intrigas, engaños y misterios? ¡Tomad asiento y empecemos!

No, no somos perfectos.

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Momento en el que una obrera “mayor” da lugar a una obrera “fresca”. Las esferas pequeñas de color verde dentro de las células son los lugares donde se guardan las preciadas instrucciones. Fuente

Todas las células que forman nuestro cuerpo saben lo que tienen que hacer gracias a unas instrucciones que se encuentran en el famoso ADN. Por supuesto, a medida que una célula se hace mayor, tiene que dividirse y dejar paso a una nueva célula más fresca para que siga llevando a cabo su función. Durante este proceso de división, las instrucciones contenidas en el ADN se duplican, quedando una en la célula mayor y otra en la célula fresca.  Cuando esta última se haga mayor, el proceso vuelve a empezar.

Por desgracia para nosotros, la duplicación de las instrucciones no es 100% pefecta y siempre suelen producirse algunos errores que pasan de las células mayores a las frescas. En la mayoría de los casos, estos fallos son irrelevantes y la función no se ve comprometida. Sin embargo, a medida que las células se dividen más y más, también lo hacen el número de fallos que se va pasando entre generaciones. Esto quiere decir que, a medida que envejecemos, la probabilidad de que uno de esos fallos acarree un problema aumenta de forma considerable. No solo envejecer, realizar ciertos actos, como fumar o exponerse a radiaciones, también aumenta el número de errores que pueden aparecer.

Cuando una célula obrera (que no forma parte de nuestro ejército interior) es infectada por un virus, o bien se estresa demasiado, debe ser inmediatamente invitada a matarse mediante un proceso conocido como apoptosis. Ya vimos, por ejemplo, que nuestras aguerridas asesinas naturales eran bastante eficientes mandando este tipo de señales a ciertas obreras. Este proceso de muerte programada está contenido en esas instrucciones de las que hablaba al principio. Ahora os planteo una pregunta muy fácil: ¿y si durante el proceso de división, el fallo acumulado hace que la obrera fresca no entienda lo que quiere decir muerte programada? Ya os digo yo: ¡aparecen las células rebeldes!

Al principio, las células rebeldes son realmente malas engañando a nuestro ejército interior…

El que una célula rebelde no sea capaz de interpretar que debe morir, hace que, aunque esté estresada (y ya os digo que siempre lo están), se siga dividiendo incontroladamente, pasando su error a otras células rebeldes frescas. Lo peor de todo: durante este proceso, más y más errores seguirán pasándose a estas rebeldes frescas haciendo que, en poco tiempo, las últimas no se parezcan absolutamente nada a las primeras y, encima, hayan desarrollado más “errores de lectura” o incluso desarrollado estrategias para engañar a nuestros guerreros.

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Durante sus primeros estadíos de rebeldía, las células rebeldes (aquí, en amarillo), no tienen ninguna oportunidad frente a los soldados T (aquí, en rosa). Fuente

Pero no adelantemos acontecimientos. Cuando las primeras obreras dan lugar a las rebeldes, los soldados responsables de eliminarlas, como pueden ser nuestras asesinas naturales o los soldados del bando de ataque rápido, las fulminan inmediatamente e impiden que la cosa vaya más allá. Sin embargo, es muy probable que la velocidad a la que estas primeras rebeldes se estén dividiendo impidan que los soldados las destruyan a todas. Como consecuencia, se entra en una especie de estado de equilibrio por el que nuestros guerreros van destruyendo a algunas rebeldes, mientras que muchas otras quedarán “rezagadas” pensando en estrategias para evitar ser destruidas.

…pero pasado un tiempo son unas verdaderas expertas en el engaño.

El que no se eliminen todas las rebeldes de golpe, acarrea la aparición de un enorme número de rebeldes con muchos fallos distintos, tal y como mencionaba más arriba. Con el tiempo, sólo aquellas rebeldes capaces de sobrevivir al ataque indiscriminado de nuestros soldados sobrevivirán. ¿Y que pasará entonces? Exacto: comenzarán a expandirse sin control dando lugar a los tumores. Es precisamente en este punto cuando nuestro ejército interior se ve completamente desbordado por las células rebeldes por lo que, aún pudiendo eliminar a unas cuantas, su poder quedará fulminado y las rebeldes tendrán via libre: ha comenzado la aparición de un potencial cáncer.

Vale, vale, igual os estáis preguntando…¿qué tipo de fallos o estrategia desarrollan las rebeldes para que no puedan ser detectadas por los soldados? Pues aquí es cuando damos comenzamos con el exquisito arte del engaño de las rebeldes.

“Si no me ves, no me matas”

El principal guerrero responsable de destruir a las rebeldes es el soldado T de ataque rápido (los conocidos como T CD8+). Estos son capaces de destruir a una de estas indeseables cuando éstas presentan porciones en un tipo de mano presentadora. Por lo tanto, “si no hay mano, no hay ataque”. Aunque esta estrategia de engaño hace que estos soldados no puedan atacarlas nunca más, en realidad es bastante rudimentaria, ya que como vimos aquí, las guerreras asesinas naturales son precisamente expertas en detectar obreras o rebeldes sin esa mano presentadora.

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Se intentan escapar de unos…pero el tiro le sale por la culata: ¡ahí que están nuestras guerreras las asesinas naturales! Fuente

“Si no me diferencio de una obrera, no soy una rebelde”

Como ya veíamos aquí, los soldados que se “emocionaban” mucho y reconocían con mucho ímpetu porciones de nuestras “obreras” eran inmediatamente eliminados durante su entrenamiento para impedir que aparecieran enfermedades autoinmunes. Cuando aparecen las células rebeldes, es posible que muchas de ellas tengan porciones que son reconocidas como potenciales enemigos: como si de una bacteria o un virus se tratara, los soldados la destruyen sin piedad. Ahora bien, una célula rebelde puede darse cuenta de esto y decir: “Pues listo, si en el pasado he sido una pacífica obrera…¡pues todas las porciones que me diferencian de ellas apagadas!”. Esto provoca que, cuando algún guerrero pase por el lugar, no vea diferencia entre obrera y rebelde y pase de largo.

“O te vas, o te “echo”

Después de haber destruido una amenaza, los soldados T deben o bien morir o bien tranquilizarse. Para que esto ocurra, los soldados comienzan a producir un receptor, llamado PD-1, que le transmite la instrucción de apagado: “¡Soldado T, apaguése ya de una vez!”. En el caso de una infección, por ejemplo, esto es muy necesario, ya que si nadie le para los pies a estos guerreros tras eliminar al invasor, la batalla sigue y sigue, lo que podría provocar daños en el resto de obreras de alrededor.

Pero claro…si esta herramienta no se usa bien, el resultado puede ser perfectamente lo opuesto: que se les para los pies antes incluso de que lleven a cabo su función. Precisamente esto es lo que hacen algunas rebeldes: mandan la instrucción en cuanto ven que se acerca alguno de estos soldados…y “¡Chao, pescao!”

Precisamente, el descubrimiento de esta instrucción ha sido uno de los avances más revolucionaros en el campo de la inmunoterapia contra el cáncer, que trataré, junto con otras increíbles estrategias, en la siguiente entrada y en el futuro número de la revista de la Sociedad Española de Inmunología. Como ejemplo, los investigadores han desarrollado misiles de largo alcance (anticuerpos) capaces de, o bien unirse al promotor de la instrucción en los tumores (PD-L1), o al receptor que capta la instrucción (PD-1). De esta forma, se evita que los soldados puedan apagarse y la lucha siga su curso, suponiendo un verdadero revés a las rebeldes en crecimiento. Otra estrategia, por ejemplo, es vacunar frente a un tumor, haciendo que desarrollemos soldados especifícos frente a las rebeldes, aprovechando el fenómeno de entrenamiento que conseguimos con la vacunación.

En definitiva, ¿por qué desarrollamos cáncer si tenemos un estupendo ejército que nos protege frente a innumerables amenazas externas y, en ciertos casos, internas? Pues ya lo sabéis: las células rebeldes son más listas de lo que podría parecer, y en cada proceso de duplicación de sus instrucciones, son capaces de desarrollar nuevas estrategias para evitar a nuestros soldados. De esta forma, son capaces de crecer y crecer provocando la aparición de tumores y cánceres, uno de los males más importantes que nos afectan como sociedad en nuestro tiempo.

 

2 comentarios en “4A. Especial inmunoterapia: ¿Por qué desarrollamos cáncer? (o cómo éste se camufla de nuestro ejército)

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