4B. Especial inmunoterapia: ¿cómo estamos destruyendo al cáncer con nuestro ejército interior? (vacunas contra el cáncer)

En la entrada anterior veíamos qué, pese a que nuestros guerreros podían mantener a raya los primeros intentos de rebeldía de algunas obreras, las estrategias que estas desarrollaban con el tiempo hacía que llegara un punto en el que el fino equilibrio de control se rompiera y las rebeldes tuvieran vía libre para proliferar sin control y dar lugar a la aparición de un cáncer.

Después de leer esa entrada, igual os preguntásteis: ¿y ya está? ¿no podemos hacer nada para pararle los pies a esas indeseables? ¿no es posible manipular a nuestros guerreros para que vayan con sus mejores armas y las destruyan? ¡Pues por supuesto que sí! En este segundo especial de inmunoterapia os quiero hablar de una de las estrategias que los científicos han ido mejorando durante los últimos años para que nuestros guerreros dejen de “adormilarse” frente a esas rebeldes y tengan sus días contados. ¿Estáis listos? ¡Empezamos!

Todo comenzó hace más de 100 años

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Esta es Streptococcus pyogenes, la bacteria que hizo que un paciente afectado con sarcoma se curara. Fuente

Lo primero que os tengo que contar es que esto de utilizar a nuestro ejército como herramienta para luchar contra el cáncer no es algo que hayamos inventado en las últimas décadas. De hecho, hace ya más de 100 años, un cirujano de Nueva York, de nombre William Coley, observó algo muy curioso: un paciente con cáncer que había desarrollado una infección por una bacteria se había curado. ¿Cómo podía ser esto? Coley lo tenía claro: el ejército interior de ese paciente montó una potente respuesta frente a la bacteria y, de algún modo que él desconocía, esto permitió que sus soldados se despertaran y atacaran también al cáncer, que andaba por ahí campando a sus anchas. Entonces, para ese cirujando la cosa estaba clara: “Infectaré a los pacientes con cáncer con un tipo similar de bacteria y listo, se deberían de curar”. Aunque su idea no parecía ir mal desencaminada, inyectar ese tipo de bacterias provocó que los pacientes desarollaran infecciones muy graves, en muchos casos poniendo en peligro su vida, por lo que por aquel entonces sus colegas médicos pensaron: “¿Y éste dice que se puede utilizar el ejército interior de los pacientes para tratar el cáncer? ¡Vaya patán!”.

Había nacido la inmunterapia contra el cáncer. Y para que veas lo importante de esta observación, aún hoy en nuestros tiempos se sigue utilizando a una bacteria (eso sí, atontada para que no haga nada más que para lo que está destinada) para tratar un tipo de cáncer de vejiga.

Lo que está claro es que, desde entonces, no sólo hemos aprendido mucho más sobre cómo algunas obreras se transforman en rebeldes, o cómo éstas últimas escapan y engañan a nuestros guerreros, sino que también hemos conseguido desarrollar algunas estrategias que nos permiten usar nuestro ejército interior como una verdadera arma letal contra los tumores.

Vacunas contra el cáncer: algo distintas a las que conocemos

Seguro que lo primero que te viene a la cabeza cuando lees vacunas es algo muy parecido a lo que ya comenté en esta entrada. Si, la mayoría de ellas se nos administran de muy pequeños para impedir que los invasores puedan decidir instalarse en nuestro organismo. Pero, ¿qué pasa si hay algún intruso que ya está dentro de nosotros? ¿Podemos usar también vacunas? Pues si…pero terapéuticas. Esto quiere decir que la vacuna no va a impedir que desarrollemos un cáncer, pero si va a promover que nuestros soldados se activen, se formen eficientemente y luchen contra las rebeldes, una vez que ya se han establecido.

Pero ahora vayamos a lo importante: si sabemos tanto sobre las rebeldes…¿¡por qué no hay vacunas ya para todos los tipos de cánceres distintos!? La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: la estrategia de “Si no me diferencio de una obrera, no soy una rebelde” es muy, muy efectiva. Y, de hecho, es una de las cosas que más ha limitado la existencia de este tipo de inmunoterapia contra el cáncer.

Sí, las rebeldes pueden ponerse esa “máscara de obrera” antigua y engañar a los guerreros pero, para su desgracia, siempre van a tener alguna cosa que las diferencia del resto. Y es más, estas sútiles diferencias (llamadas neoantígenos) son también distintas entre pacientes con un mismo tipo de cáncer.

Vacunas ciegas o controladas

Encontrar lo que hace única a una rebelde y hacérselo llegar a nuestros guerreros puede hacerse de forma ciega o de forma controlada. En el primer caso, se extrae una porción del tumor del paciente, se rompe en mil pedazos e irradia y se vuelve a introducir de nuevo en el organismo, junto con algún compuesto que sirva para que nuestro ejército interior se despierte de su letargo. Lógicamente, estas rebeldes ya no podrán dividirse nunca más, pero seguirán llevando en su interior esas sútiles diferencias, que podrán ser vistas por nuestros guerreros de forma mucho más fácil, al haber eliminado las estrategias que éstas habían desarrollado para engañarlos. Aunque se trata de una idea interesante, existe un grave problema inicial: dependemos de la cantidad de tumor que pueda extraerse. Si no es posible obtener una cantidad adecuada, el proceso se complica.

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Las instrucciones de las obreras son frases compuestas por solo 4 letras. Cuando estas frases se descrifan y se comparan con las rebeldes, podemos encontrar sútiles diferencias para ser usadas en las vacunas. Fuente

La segunda estrategia es utilizar un proceso controlado. Aquí también se extraen las rebeldes de un paciente, pero en vez de destruirlas e irradiarlas, lo que se hace es leer su información genética. Recordad que las instrucciones genéticas, contenidas en el ADN, eran las que les decían a una obrera (y, por tanto, a una rebelde) lo que tenían que hacer. Cuando se consigue leer la información contenida en una rebelde, podemos compararla con la que se encuentra en las obreras. Ya os podeís imaginar que cuando se comparan ambas, aparecerán esas sútiles diferencias, como si del famoso juego “Encuentra las diferencias” se tratase. Cuando se encuentran las idóneas para que nuestros soldados se espabilen, se introducen en el paciente y voilá! a esperar los resultados.

El uso de este tipo de vacunas parece estar viviendo una expansión muy importante en los últimos años. Los primeros estudios con pacientes con melanoma han demostrado que, en un grupo determinado, pasados 20 meses tras la adminsitración de una vacuna, seguían sin síntomas de enfermedad. Su uso en otros tipos de cáncer se está estudiando actualmente.

Usando a los conectores como vacunas

Utilizar las sútiles diferencias para que nuestros guerreros vuelvan a activarse parece ser una aproximación muy interesante. Sin embargo, tenemos que recordar que, para que una batalla tenga lugar, los conectores (nuestras amigas las células dendríticas) debían comerse al invasor (o en nuestro caso, la sútil diferencia), ponerlo en una mano presentadora y esperar a que un soldado T que reconociera a ese invasor llegara y booom, se iniciara la guerra.

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Un conector (a la derecha), con un trozo de algún invasor o sútil diferencia en su mano presentadora, contacta con su colega el soldado T, capaz de reconocerlo. Fuente

Encontrar la sútil diferencia, introducirla en el organismo, esperar a que un conector llegue, lo procese, lo ponga en su mano, llegue un soldado T…puede sonar un proceso bastante largo. Los investigadores se preguntaron entonces, ¿qué tal si directamente inyectamos en los pacientes conectores con las sútiles diferencias ya cargadas? Y así lo hicieron.

En este caso, la estrategia también parece muy sencilla: se nos extraen las madres de los conectores de la sangre, se les indica que den lugar a conectores en el laboratorio, los ponemos en contacto o bien con tumores que hemos obtenido por el método ciego, o bien con sutiles diferencias y esperamos a que los procesen. Posteriormente, podemos darle algunos chutes de activación para que se vuelvan más eficientes y los volvemos a introducir en los pacientes. Aunque cuando usaron ratones para comprobar si esta idea era posible los resultados fueron muy interesantes, los ensayos en humanos no han sido hasta el momento demasiado sorprendentes, por lo que se requiere más investigación en este campo para que puedan ser usadas como tratamiento en el futuro. Eso sí, esta idea parece ser muy útil también para tratar algunas enfermedades autoinmunes.

Cómo véis, el uso de las vacunas contra el cáncer es un campo muy interesante y activo en el que múltiples laboratorios y empresas se encuentran actualmente investigando. Con el descubrimiento de nuevos mecanismos por los que nuestros soldados se activan, métodos más baratos para encontrar sútiles diferencias o incluso nuevos compuestos que sirvan como chute extra en las vacunas, el uso de nuevas vacunas para tratar múltiples tipos distintos de cáncer podrían ver la luz muy pronto en el futuro.

Existen muchas otras estrategias que se están desarrollando para luchar contras las rebeldes. Cómo explicarlas todas llevaría muchísimo tiempo, os animo a que estéis atentos a la tercera entrega de este especial, dedicado a los los super-guerreros T. Si os quedáis con ganas de más, no os perdáis el siguiente número de la revista de la Sociedad Española de Inmunología, donde hablaré sobre los misiles de largo alcance destinados a impedir que nuestros guerreros se paren. Y, por supuesto, siempre podéis dejar vuestras inquietudes en los comentarios, para tratar nuevos temas en el futuro.

Referencia 1

Referencia 2

Referencia 3

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